
En el
James Joyce Centre de
Dublín hay una foto enorme de
Joyce y
Sylvia a la puerta de la mítica librería parisiense, y un panel donde se relata, brevemente, la historia de su amistad y la trascendencia de ésta para la historia de la literatura (
Sylvia Beach fue la editora del
Ulyses).
Al visitar el pasado verano el centro dedicado al genial irlandés recordé que desde siempre me ha llamado mucho la atención esta mujer y tuve ganas de nuevo de buscar cosas acerca de
ella. Hubo suerte. En una pequeña biblioteca municipal tenían, entre sus pocas novedades, este libro publicado por
Ariel .
Las memorias llevan por título el nombre de la mítica librería parisina fundada por
Beach en 1919. Fue su proyecto de vida y su vida misma. Hija de familia acomodada, ya conocía la capital del Sena desde hacía tiempo y era muy amante de la literatura francesa. Primero intentó abrir su negocio en América, pero al
resultarle muy costoso, decidió dar un giro total y abrir una librería americana en París.
Centro de reunión de la llamada
Lost Generation (
Ernest Hemingway,
Fitzgerald,
Ezra Pound, etc.) es también frecuentada por todos los literatos europeos del periodo de
entreguerras: D. H
Lawrence, T.S.Elliot,
Gertrude Stein,
Paul Valery,
Ford Madox Ford, ... (¡casi nada!).
Es un lujo leer de primera mano las impresiones de esta mujer sobre personas tan importantes para la historia de la literatura como los ya mencionados, y otros, pero es sobre todo un documento indispensable para conocer más la figura y el genio de
Joyce y todos los avatares y penurias por las que pasó para poder publicar
Ulyses (1922), a pesar de ya tener una fama reconocida por sus anteriores
publicaciones. Así, estas memorias son muchas cosas a la vez: paseo por el París intelectual de la época, mundo cultural, retrato de una generación que "huyó" de
EE.UU. para beber de las fuentes de una Europa más liberal y fresca, fotografía de las reuniones sociales e informe de las revistas literarias del momento.
Shakespeare and Company se ve obligada a cerrar durante la Segunda Guerra Mundial, cuando su propietaria se niega a vender un ejemplar del
Finnegans Wake de
Joyce a un militar alemán. Ella es enviada a un campo de trabajo pero, al salir, la librería reinicia su actividad y hasta el día de hoy. Dicen los afortunados que ya la han visitado que aún conserva su encanto añejo y que sigue estando muy bien surtida de literatura en inglés. Hay tradiciones que aún
conserva: se le ofrece cama en la propia tienda al que pase por París a cambio de ayudar al público lector y demás menesteres del día a día del negocio.
He disfrutado mucho, mucho con la lectura. Cuantas cosas que no vienen en los manuales "serios" de Literatura... y ¡qué ganas de ir a
Paris a la
Shakespeare!!!!!